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Introducción

En una vendimia acelerada, no solo cambia la velocidad de los análisis, sino también su orden

La vendimia de 2026 está planteando a muchas bodegas un problema que no se limita únicamente al calor o a que la cosecha se adelante.

Se trata, sobre todo, de una cuestión de tiempo.

Cuando las parcelas y variedades que normalmente maduran de forma sucesiva alcanzan las condiciones de vendimia en un plazo más reducido, la presión se traslada rápidamente del viñedo a la bodega: aumentan simultáneamente las entregas, la utilización de las líneas de elaboración, la demanda de refrigeración, la necesidad de depósitos disponibles y, sobre todo, el número de decisiones que hay que tomar en pocas horas. Es la denominada «harvest compression», la compresión de la vendimia.

En 2026, este fenómeno se ha observado en diversas zonas vitivinícolas internacionales. Vinetur ha descrito precisamente la pérdida de tiempo operativo como uno de los aspectos más relevantes de la temporada: no solo uvas que maduran antes, sino más viñedos que alcanzan simultáneamente umbrales críticos de maduración, lo que ejerce presión sobre el personal, las prensas, los depósitos, la refrigeración y el transporte.

El calendario italiano también ofrece ejemplos significativos. En Franciacorta, la vendimia comenzó el 30 de julio de 2026, por primera vez en el mes de julio. El Consorcio ha relacionado este adelanto con las altas temperaturas y la escasa disponibilidad de agua, que han acelerado el ciclo vegetativo y la maduración.

Pero saber que la vendimia se adelanta no basta. Para quienes trabajan en la bodega, la pregunta es más concreta: cuando llegan varios lotes al mismo tiempo, ¿qué análisis conviene realizar en primer lugar?

No todos los datos se necesitan al mismo tiempo

Durante la vendimia solemos pensar en términos de parámetros: azúcares, acidez, pH, ácido málico, nitrógeno asimilable, polifenoles.

Pero cuando el tiempo disponible se reduce, no todos los datos tienen la misma urgencia. Un parámetro puede ser importante para la calidad final del vino sin ser el que se necesita en los primeros minutos tras la entrega; otro, en cambio, puede cambiar de inmediato la gestión del lote.

Por eso proponemos interpretar los análisis de la vendimia siguiendo una lógica de prioridades.

El principio es sencillo: primero se mide aquello que puede influir en la siguiente decisión. No se trata, por tanto, de una clasificación de la importancia absoluta de los parámetros, sino de su urgencia a la hora de tomar decisiones.

Podemos dividirlo en tres niveles de análisis:

  1. comprender rápidamente qué ha entrado en la bodega;
  2. detectar los riesgos antes de que comience la fermentación;
  3. realizar un seguimiento de las decisiones relacionadas con el proceso, en particular la extracción en los vinos tintos.

Primer nivel: identificar el partido nada más llegar

El contenido de azúcar sigue siendo, naturalmente, fundamental, pero en una añada cálida no debería interpretarse de forma aislada.

De hecho, las altas temperaturas y el estrés hídrico pueden acelerar la acumulación de azúcares y, al mismo tiempo, alterar el equilibrio de los ácidos y otros componentes de la baya. La madurez tecnológica, la fenólica y la aromática no avanzan necesariamente al mismo ritmo.

Por lo tanto, para una primera evaluación del lote, resulta útil analizar conjuntamente tres parámetros: azúcares + pH + acidez total.

pH: el dato que cambia el significado de los demás parámetros

El pH condiciona diversos aspectos de la vinificación y la conservación, y es uno de los primeros valores que hay que conocer para comprender el equilibrio de un mosto. Si están llegando varios lotes uno tras otro, conocer de inmediato el pH permite identificar aquellos que se desvían del perfil esperado y que merecen un análisis prioritario.

Este dato no determina automáticamente la decisión enológica, pero proporciona un primer criterio objetivo para orientarla.

Acidez total: el pH necesita un contexto

Sin embargo, el pH por sí solo no refleja todo el equilibrio ácido. Por eso también es necesario determinar la acidez total.

Analizados conjuntamente, el pH y la acidez total ya permiten distinguir situaciones que un único valor podría ocultar.

Azúcares: indispensables, pero no sinónimo de madurez completa

Los azúcares siguen siendo una referencia esencial para evaluar el potencial fermentativo y el posible desarrollo alcohólico. El punto crítico de una añada como la de 2026 es evitar la ecuación automática: más azúcar = uva globalmente más madura.

El calor puede acelerar algunos procesos más que otros. Por eso, el contenido de azúcares adquiere mayor valor cuando se interpreta junto con la situación ácida y, cuando sea necesario, con la madurez fenólica.

Segundo nivel: comprender el riesgo antes de que comience la fermentación

Una vez clasificado el lote, la pregunta cambia: ¿cómo podría comportarse durante la fermentación?

En esta fase, dos análisis cobran especial importancia: el ácido L-málico y el nitrógeno fácilmente asimilable.

Ácido L-málico: más allá de la acidez total

El ácido málico es especialmente sensible a las temperaturas elevadas y su degradación se acelera con el calor. Por lo tanto, es posible que dos mostos con una acidez total relativamente similar presenten una composición ácida diferente. Por ello, cuando el panorama inicial lo sugiere, el segundo nivel de análisis prevé la determinación específica del ácido L-málico.

La medición específica del ácido málico aporta, por tanto, al dato global de la acidez total una información más precisa sobre la composición ácida del mosto.

Nitrógeno Fácilmente Asimilable: primero medir, luego decidir la nutrición

Un segundo aspecto crucial se refiere a la disponibilidad de nitrógeno para las levaduras. Las condiciones de sequía, de hecho, limitan severamente la transpiración y la absorción de nutrientes del suelo: en caso de escasez de agua, la vid tiende a utilizar el nitrógeno casi exclusivamente para su propio metabolismo, generando así mostos con déficit de Nitrógeno Fácilmente Asimilable. Gestionar un producto que presenta un elevado potencial alcohólico combinado con carencias nutricionales significa exponerse a un mayor riesgo de paradas de fermentación, favoreciendo además la aparición de defectos olfativos relacionados con la reducción, como la producción de sulfuro de hidrógeno (H₂S).

En este contexto, aplicar automáticamente el mismo protocolo nutricional a todos los lotes supone una simplificación excesiva. En lugar de replicar mecánicamente los procedimientos habituales de la bodega, resulta indispensable evaluar el nivel real de nitrógeno de cada depósito para calibrar una intervención específica. Desde esta perspectiva, los datos analíticos no sustituyen a la experiencia ni a las decisiones del enólogo, sino que le proporcionan la base objetiva necesaria para gestionar de la mejor manera posible las particularidades de cada mosto concreto.

Tercer nivel: en los tintos, decidir cuánto extraer

En el caso de las uvas tintas, tras el equilibrio ácido y las condiciones nutricionales, entra en juego el componente fenólico.

El estrés hídrico puede reducir el tamaño del grano y modificar la proporción entre pulpa y piel. Además, el calor puede influir de forma diferente en la acumulación de azúcares, ácidos y compuestos responsables del color y la estructura.

TPI - Índice de polifenoles y antocianinas: seguir la evolución de la extracción

En el caso de las uvas tintas, el TPI - Índice de polifenoles y los antocianinos totales permiten seguir la evolución del componente fenólico y del color durante la maceración, complementando la cata y la experiencia del enólogo con datos objetivos.

El hecho de poder realizar los análisis directamente en la bodega facilita la comparación entre depósitos, lotes y diferentes momentos de la fermentación.

El objetivo no es sustituir la evaluación sensorial ni establecer umbrales automáticos, sino comprender cómo está evolucionando la extracción para modular de forma más consciente los remontados, los pisados y la duración de la maceración.

El análisis de la vendimia de 2026

Por lo tanto, podemos resumir el proceso en tres niveles de análisis inicial, a los que se suma el seguimiento de la evolución durante la fermentación.

PrioridadesAnálisisCuándoDecisión que se debe respaldar
1. Identificar el lotepH, acidez total, azúcaresRecepción y maceración¿Qué lotes requieren atención prioritaria?
2. Evaluar el riesgo de fermentaciónÁcido L-málico, Nitrógeno Fácilmente AsimilableAntes de iniciar la fermentación¿Cómo se debe gestionar el nivel de acidez y la nutrición?
3. Gestionar la extracciónIPT, antocianinas y otros parámetros fenólicosDurante la maceración de los tintos¿Cómo evoluciona la extracción y cómo modular el proceso?
4. Comprobar la evoluciónAzúcares, L-málico/L-láctico y parámetros del procesoDurante las fermentaciones¿El proceso se está desarrollando según lo previsto?

En una vendimia comprimida, el valor de la secuencia radica precisamente en esto: dar prioridad a los datos que aún pueden modificar la forma en que se gestiona un lote.

Cuando la vendimia se acorta, el tiempo dedicado al análisis se convierte en tiempo para tomar decisiones

CDR WineLab® se creó precisamente para llevar los análisis allí donde se toman las decisiones.

Los métodos desarrollados por los laboratorios CDR requieren una preparación mínima o nula de la muestra y utilizan reactivos ya envasados en viales para realizar los análisis directamente en la bodega. En una vendimia concentrada, CDR WineLab® permite comparar varios lotes mientras las decisiones sobre dichos lotes aún están pendientes. Un resultado disponible una vez tomada la decisión no deja de ser un dato.

Un resultado disponible antes puede convertirse en una herramienta operativa.

Conclusión: ya no se trata de análisis rutinarios, sino de análisis que marcan las prioridades

La vendimia de 2026 pone de manifiesto que la experiencia del enólogo sigue siendo insustituible.

Pero también nos recuerda algo menos obvio: cuando el tiempo apremia, resulta más arriesgado confiar en un único parámetro o aplicar automáticamente el mismo esquema a todos los lotes.

El análisis rápido no sirve para restar importancia a la experiencia, sino para proporcionarle información cuando aún es útil. Por eso, preguntarse qué análisis realizar primero conduce a una respuesta que no es una simple lista, sino una secuencia que cambia en función de las decisiones que hay que tomar.

A la llegada de la uva, los análisis sirven para distinguir los lotes e identificar aquellos que requieren mayor atención; durante la fermentación, cambian de función y permiten verificar que el proceso avanza en la dirección prevista.

La lógica sigue siendo la misma desde la llegada de la uva hasta el final de la fermentación: medir primero el parámetro que puede influir en la próxima decisión.

Cuando toda la uva llega al mismo tiempo, esto es lo que permite seguir tratando cada lote según lo que realmente es.

Referencias útiles

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  • Corbet, S. y Garriga, N. (2026, 20 de agosto). Los viticultores de Champaña compiten contra el tiempo mientras las olas de calor obligan a la vendimia más temprana de la historia. The Independent.
  • Cult Wines. (29 de julio de 2019). ¿Qué supone la ola de calor para la elaboración del vino? Cult Wines Wine Academy.
  • Dodd, O. (30 de julio de 2026). Resolver la crisis de la ola de calor en el sector vinícola. Drinks International.
  • Ehsani, M. (2026). Cosecha 2026: cómo la ola de calor en Europa está transformando las operaciones en las bodegas. Fermentis Expert Insights.
  • iDealwine. (4 de julio de 2019; actualizado el 22 de diciembre de 2025). La ola de calor y sus efectos en las viñas. El blog de iDealwine.
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  • Wine Australia. (2026). El manejo de los viñedos durante las olas de calor. Portal de Wine Australia.
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  • Wine-Searcher News & Opinion. (2026, 12 de julio). Las olas de calor amenazan la vendimia en Burdeos. Revista Wine-Searcher.
  • Wyma Solutions. (2026, 17 de agosto). La ola de calor de 2026 no afecta a todos los cultivos por igual. Postharvest.biz.
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Descarga el artículo del Dr. Simone Bellassai, director de la división CDR FOODLAB®, dedicado a la vendimia de 2026 y a los efectos del estrés climático en la gestión analítica en la bodega,

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